La extraña leyenda del hombre de miel

Mucho tiempo ha, muy adentro de las extrañas tierras árabes, un hombre ya entrado en años decidió ofrecer en sacrificio su cuerpo para beneficio de la humanidad. Era un anciano bueno que había dejado un legado apropiado de buenos hijos e hijas, todos ellos fieles seguidores del Profeta.

Cuando presintió que su muerte se acercaba tomó la decisión que le daría forma a una compleja leyenda que perdura hasta nuestros días.

El hombre quiso que su cuerpo sirviera como ofrenda al servicio de todos aquellos que sufrían enfermedades y males del alma. A tal efecto se preparó para transformarse en un hombre de miel, un hombre melificado.

Dejó de comer absolutamente todo excepto miel. Tres o cuatro veces al día tomaba un bol de miel como único alimento. Miel y agua. Se dice que también comenzó a bañarse en miel. Día tras día esa era su rutina.

Al poco tiempo su familia entendió la intención del anciano. Unos se entristecieron, otros adoraron al hombre al comprender el alto designio que se ocultaba tras esa extraña y radical dieta, y aún otros secretamente comenzaron a contar las ganancias de los futuros negocios que podrían hacer.

El hombre no se desvió de su dieta ni por un instante y, eventualmente, hasta sus heces eran hechas de miel.

Finalmente el hombre murió. Sus hijos, siguiendo las instrucciones y última voluntad del anciano, construyeron un sarcófago de piedra y lo llenaron completamente de miel antes de sumergir a su padre en ella. Para terminar colocaron la tapa del ataúd y la sellaron con plomo y, a través de un agujero en ella, terminaron de llenarlo de miel hasta el rebose. Ese agujero también fue sellado con plomo.

Dentro de las instrucciones estaba la fecha en la que el ataúd sería abierto cien años después.

El hombre melificado sería entonces cortado en diminutos pedazos para ser consumido por aquellos mortalmente enfermos para su segura curación. La miel del sarcófago también se convertiría en poderosa medicina universal.

No se sabe dónde está ahora ese cuerpo. Se dice que el hombre melificado terminó en un oscuro monasterio en Rusia, otros dicen que está escondido en una mezquita secreta muy adentro de la nación Kurda. Otros aseguran que fue llevado a Europa o que está escondido en Estambul.

El proceso de momificación humana en miel fue descrito en detalle por primera vez en un tratado de medicina china de 1596 pero los primeros records los hizo Heródoto en el siglo cuarto A.C. quien aseguraba que los asirios momificaban sus muertos en dicha sustancia.

¿Dónde está? ¿Es real? ¿Es posible que su cuerpo, o lo que queda de él, se haya convertido en una panacea médica?

Todos conocemos las propiedades salutíferas de la miel pero ¿puede la santidad transmitirse a una sustancia y transformarla?