Las reveladoras historias empotradas en los cuerpos de Pompeya

En agosto del año 79 D.C. el volcán Vesubio explotó y Pompeya murió. Una de las ciudades más ricas en cultura, arquitectura y arte de la Italia de comienzos del milenio sería escaldada en cenizas y gases mortales en cuestión de minutos, matando a miles y cubriendo completamente a la ciudad de momias de piedra.

Su gente no tuvo ningún chance, muchos fueron sorprendidos en medio de la normalidad del día y sus posturas revelan cómo fueron sus últimos minutos.

Pompeya quedó sepultada e ignorada por más de 1.500 años hasta que en 1863 un arqueólogo italiano, Giuseppe Fiorelli, comenzó las primeras excavaciones organizadas.

El descubrimiento más importante y significativo que hizo Fiorelli fue que la gruesa capa de ceniza, endurecida en piedra pómez, estaba llena de burbujas creadas por los cuerpos sepultados que, al descomponerse, dejaban la forma humana empotrada en ceniza.

Fiorelli tuvo la inspirada idea de rellenar esas burbujas con yeso, trayendo a la luz del día la última pose de las víctimas.

Son estas estatuas mortuorias las que todo el mundo ve cuando visita las ruinas de Pompeya. Pero estos agujeros dejados por la descomposición de la carne no estaban vacíos, contenían los huesos del cadáver. Dentro de cada estatua están los huesos de aquel o aquella que el Vesubio mató.

Esas figuras son los sarcófagos de los pompeyanos.

En el año 2015 los arqueólogos comenzaron a usar tomografías computarizadas para escanear los cuerpos y descubrieron cosas increíbles.

Los niños sufrían de sífilis congénita. Este tipo de enfermedad deja sus huellas en los huesos y el caso más remarcable es el de unos mellizos cuyos restos revelan que ambos padecían ese mal.

Muchos cuerpos muestran señales, principalmente su posición fetal, de que murieron tratando de protegerse mientras se asfixiaban, pero muchos otros se encontraron en posiciones casuales, como si la muerte les hubiera llegado sin anunciarse.

La gran diversidad genética de los huesos deja claro que Pompeya era una ciudad cosmopolita, con representantes de todas partes de Europa, Grecia y Asia Menor, tal como hoy en día son New York o San Francisco.

La estatura promedio de los cuerpos, superior al habitante actual de Nápoles, demuestra que los pompeyanos gozaban de excelente salud y una muy buena y saludable dieta. El excelente estado de los dientes y la gran cantidad de hombres y mujeres de edad avanzada apunta también a esa teoría.

En suma, el análisis computarizado de los cuerpos de Pompeya ha demostrado que la ciudad era un lugar vital, donde varias culturas sobrevivían juntas, donde las familias hacían esfuerzos por preservar y proteger a los infantes, y donde los viejos eran atendidos hasta avanzada edad.

En los cuerpos de yeso de Pompeya hay huesos, y hay historias, que la ceniza, como un conservador de museo, preservó para nosotros.