Lebensborn. ¿Quiénes eran estos niños?

Selección dirigida hacia fines ideológicos. Una práctica deshumanizada amparada por visiones de locura.  Un experimento social degradante y pernicioso.

Los niños Lebensborn fueron víctimas de la oscura máquina nazi cuyo fin era vomitar un fenotipo modelo para todo el mundo.

La fuente de la vida

Lebensborn, “fuente de vida”, fue un programa súper secreto para cruzar mujeres de unas características físicas bien específicas con oficiales seleccionados de la SS. El núcleo del programa estaba formado por una cadena de casas especiales, en Alemania y el resto de Europa, llamadas clínicas, en donde se consumían los encuentros entre las mujeres elegidas y los oficiales, y donde también se mantenían y cuidaban los niños y niñas del programa.

Estas casas no eran prostíbulos (al menos no en el sentido usual), todas las actividades se realizaban en un ambiente limpio y agradable, con cenas, funciones de cine, juegos, todo lo necesario para crear una atmósfera de camaradería entre hombres y mujeres.

El número de niños nacidos dentro del programa (1936-1945) es impreciso pero al menos 6.000 fueron registrados como niños Lebensborn. Después de la guerra muchos de estos infantes fueron expulsados de sus propios países, junto con sus madres, por traidores.

¿Quiénes eran las madres y los padres?

Las madres eran, sin falta, rubias y de ojos azules, entre otras exigencias de medidas, libres de defectos congénitos y, por supuesto, no ser judías además de simpatizar con el nazismo.

Los padres, como dijimos, era oficiales SS, altos y rubios, que se encontraban con las elegidas en las casas Lebensborn para una sesión de reconocimiento. A las mujeres entonces se les daba una semana para elegir a su oficial y disfrutar de una luna de miel de tres noches, y luego más si era necesario.

No importaba mucho si el oficial ya estaba casado (o las mujeres). La ideología que se les infundía los convencía de que ellos no eran infieles sino que estaban creando una raza superior cumpliendo con su deber patriótico.

Una vez nacido el niño la madre tenía dos semanas para grabar su recuerdo en la memoria. Luego el bebé desaparecía dentro del aparato político nazi. La gran mayoría de madres no volvían a ver a su hijo o hija nunca jamás.

Aquellos que supieron, más tarde en su vida, que eran niños engendrados en ese programa, con frecuencia sufrían la secuela de ser rechazados por la sociedad como hijos del enemigo.

Además, el programa Lebensborn también preveía el secuestro de niños adecuados en cualquier país europeo. Se estima que más de 200.000 niños fueron secuestrados, separados de sus padres y reeducados. O asesinados si cualquiera se resistía a su destino.

¿El fruto de todo esto?

Hombres y mujeres que vivieron una vida de rechazo, de abandono, de incertidumbre, sin un origen claro, estigmatizados, o peor aún, llenos de vergüenza y culpabilidad.