Beelzebufo. No es el nombre de un demonio…o tal vez sí

Beelzebu, es la deidad semítica conocido como el Señor de las Moscas, y bufo es latín por…sapo. Beelzebufo era un sapo, ahora extinto.

Gracias a Dios, porque de tener este sapo en tu jardín no podrías tener ninguna otra mascota, a menos que fuera un gran danés.

Beelzebufo ampinga es un anfibio prehistórico que vivió en Madagascar hace unos 68 millones de años asolando las selvas espesas y oscuras de esa isla. También lo han llamada el sapo demonio y el sapo del infierno.

¿Cómo era?

Quizás estés familiarizado con los sapos grandes tropicales de Suramérica, los sapos cornudos o escuerzos, por ejemplo, que pueden llegar a medir 15 cm de longitud. Son sapos gordos, casi tan altos como anchos, con bocas masivas y un apetito feroz.

SAPO CORNUDO

El beelzebufo se hubiera podido tragar un sapo cornudo entero. Era como una rana toro en esteroides. Capaz de alcanzar 24 cm de largo, aunque hay indicios como la disposición de los huesos de la cabeza en los fósiles encontrados, que hacen presumir que podían crecer todavía más grandes. Tenían una boca con un ancho de 15 cm y quizás, de nuevo basados en la evidencia de los fósiles, poseían formaciones escamosas en la cabeza parecidas a las que los cocodrilos muestran en su piel.

Eran feroces depredadores y aquí es donde se marca la diferencia.

Un lobo concentrado

¿Alguna vez te ha mordido un perro? Pregunto por un perro porque es lo más probable que haya pasado aunque, a los efectos de lo que se trata este artículo, igual te podría haber preguntado si te mordió un lobo o un tigre.

Por supuesto no me refiero a un perrito faldero, me refiero a si alguna vez te mordió un pastor alemán, un rottweiler o un bulldog; si alguna vez te mordió un perro lleno de furia, colgándose de tu brazo o pierna con la intención de no dejarte ir.

SAPO CORNUDO COMIÉNDOSE UN RATÓN

Si tuviste esa desafortunada desventura entonces sabes cómo sería ser mordido por un beelzebufo.

El tamaño de este sapo llevó a unos investigadores a tratar de determinar la fuerza detrás de su mordida. Para eso midieron la fuerza en la boca de los ceratófridos, como el sapo de la caña, que son sus probables descendientes.

Un sapo de tamaño normal, con una cabeza de 4 cm de ancho muerde con una fuerza de unos 3 kg. Los sapos grandes del género ceratófridos, con bocas de unos 10 cm de ancho, pueden hacerlo con una fuerza de 50 kg. Imagínate un contenedor con 50 litros de agua apoyado en un área equivalente a la huella de tu pulgar.

Pues bien, un beelzebufo podía morder con una fuerza de unos 220 kg, equiparable a la fuerza de mordida de un mamífero depredador grande.

Esa mordida junto, con el gigantesco apetito que estos sapos sufren, hacen pensar que tal vez estos demonios podían haberse alimentados de pequeños dinosaurios.

Quién lo hubiera creído, un sapo almorzando dinosaurios. De todo se ve.