El color de la vida…el color de la muerte…el verde en el arte

Verde que te quiero verde,

Verde viento, verdes ramas,

El barco sobre la mar,

El caballo en la montaña.

Federico García Lorca.

El verde significa vida, presente en la vibrante masa vegetal que abraza al planeta y sustenta al animal. El verde significa muerte, presente en la descomposición de aquello que se despidió de la ilusión.

Durante miles de años los artistas han usado el verde para expresar diversos misterios que, con frecuencia, se mueven entre la esperanza vital y la desintegración fatal.

El dios de la resurrección

Osiris, jefe de la trinidad formada por él mismo, su hermana y esposa Isis y el hijo de ambos, Horus. Osiris era el dios de la resurrección, la regeneración, la fertilidad y del ciclo vital del Nilo, también de la vegetación y agricultura.

Osiris era representado en los milenarios murales que han sobrevivido hasta nosotros con piel verde como símbolo de su relación con la inmortalidad que recibió después de su muerte y resurrección.

La esposa de Giovanni di Nicolao Arnolfini.

Pintada por Jan van Eyck en 1434, la mujer está cubierta por un suntuoso vestido en verde cubriendo un vientre en obvia y dulce espera. Sin embargo la simbología presente en el cuadro muestra elementos de muerte integrados a ese mismo verde. Se dice que el retrato de la mujer fue una composición de la perecida pareja de Giovanni y la de su actual esposa. Las velas apagadas sobre su cabeza indican la extinción en contraste con la iniciación dentro del vientre.

Otra teoría dice que la mujer no está en realidad embarazada sino que sostiene su vestido enfrente de ella como esperanza de la vida por venir, o como un escudo vital contra la gran mancha tétrica de su esposo enfrente de ella. En todo caso es el verde el que une los dos misterios de la vida y la muerte.

El Cristo verde

Paul Gauguin (1889). En esta obra maestra del maestro de la simbología, se ve una representación de La Piedad sobre la cual creció una capa de musgo verde, muestra de la continuación de la vida y de la esperanza extendida sobre la tragedia y drama del Señor en su muerte. La mujer en primer plano muestra sombras verdes en su cara, señal de la descomposición que yace, aun dormida, en ella. De nuevo el artista usa el verde para unir ambos mundos: el físico, condenado, donde vive la mujer, y el místico, elevado, que la espera al final.

El hijo del hombre

En este autorretrato, que no es un autorretrato, René Magritte en 1964, mostró el misterio de aquello que no se ve porque está oculto detrás de aquello que se ve, mediante una verdísima manzana. Todo lo que vemos oculta algo que no vemos y que nos llama a un proceso de descubrimiento más allá de sentimientos y percepciones.

No hay mejor color que el verde para pintar misterios, revelaciones,  la continuidad, el renacimiento,  la vida y la muerte.