Gruner See, el lago que va y viene

Hay una cadena de montañas en Austria con el impronunciable nombre (al menos para nosotros, latinos tropicales fogosos y buenos mozos) de Montañas Hochschwab, cerca de Styria, que acunan una pequeña laguna.

Pero esta laguna tiene una tremenda personalidad, no se conforma con lo que pensamos de ella, no se limita con nuestra actitud de “ay que linda lagunita, mira que delicadita que es”. No señor, y cuando pilla a alguien tirándose de sabrosón viene y se convierte en un lago. Toma, en las narices.

Se le llama Gruner See, Lago Verde, y a su alrededor hay un parque de senderos escénicos, bancos para sentarse y disfrutar de la naturaleza, puentes peatonales que cruzan pequeños arroyitos cantarines, todo lo que un turista, o local relajado, necesita y busca para pasar un rato suavizado y sereno.

Pero esta condición sólo se mantiene en invierno. Entonces la laguna tiene una profundidad máxima de unos 2 metros y los visitantes pueden pasear a su alrededor  sin riesgo de ahogarse por los traguitos de más.

Es cuando llega la primavera cuando la lagunita se transforma, cuando decide crecerse con las circunstancias y demostrar que ella es algo más.

Con la llegada de la primavera, más o menos a comienzos de Mayo, comienza el deshielo, arriba en las montañas Hochschwab, enviando toda esa cantidad de agua hacia abajo, hacia Gruner See, quién recibe este regalo con los brazos abiertos.

Gruner See se llena y su profundidad se sextuplica, pasando de 2 metros  a más de 12, cubriendo todo el parque a su alrededor con agua fría y clara como cristal, como sólo la nieve montañesa puede dar.

Es entonces cuando Gruner See se vuelve mágica, un mundo especial con peces nadando entre las ramas de los árboles, y puentes que, en vez de cruzar sobre aguas, se unen a ella.

Para quienes tienen o pueden acceder a equipos de buceo Gruner See se convierte en Atlantis, un mundo bajo agua con una transparencia que convierte el nado en un vuelo sobre aquello, que una vez, les sirvió a los humanos para pasear.

Julio y la entrada del otoño le pone punto final al sueño de esta efímera Atlantis. El nivel de las aguas comienza a bajar para acumularse otra vez en las montañas, como si Gruner See se retirara a hibernar en soledad.