¡No me gusta la cerveza! Oh no…no puede ser

Ok…un momento, rebobinemos eso porque yo pensé que eso era completamente imposible. La cerveza fue, casi con toda seguridad, la primera bebida para la alegría que el hombre inventó. No fue el vino como a muchos les gustaría.

Además fue hace tanto, tanto tiempo que algunos piensan que el pan se inventó para acompañar a la cerveza.

Es decir, evolucionamos culturalmente para disfrutar de la cerveza bien fría.

Por eso no entendemos qué está pasando aquí.

¿Qué está pasando aquí?

Aquellos con esta falla fundamental en su esencia humana alegan que el sabor amargo de la cerveza es repugnante hasta el punto de, en casos extremos, inducir el reflejo de vomito.

Todo tiene que ver con los genes, algunas de las papilas gustativas y en cómo nuestro cerebro procesa los sabores amargos y las bebidas frías.

A mí me enseñaron que había 4 sabores: ácido, dulce, salado y amargo. Después se añadió el umami, palabra japonesa que significa “sabroso”, como el quinto sabor básico.

Cada uno de estos sabores es identificado por su respectivo tipo de papila gustativa, y en el caso del sabor amargo tenemos 25 variaciones dentro del grupo de receptores para ese sabor, mientras que, por ejemplo, para el sabor salado sólo tenemos 2 tipos de receptores.

 

Los ácidos del lupus, el responsable del amargor en la cerveza, activan 3 de esos receptores lo que nos hace particularmente sensibles al delicioso amargo de la bebida.

¿Y por qué otros no lo soportan?

Los investigadores piensan que los receptores para el amargo son una protección evolutiva para mantenernos alejados de posibles alimentos contaminados, en descomposición o venenosos. Una situación tan delicada que indujo a nuestro organismo a desarrollar tantos receptores dedicados a un solo sabor.

Es por esto que los enemigos de la cerveza piensan que somos nosotros los que tenemos una falla en los planos de construcción.

Para otros es la combinación de amargo con lo frío lo que hace a la cerveza desagradable.

Sabores al rescate

Pero hay esperanzas para esas pobres almas que perdieron el rumbo en los corredores de engaño de la vida. Todavía pueden recuperar la alegría destinada a los sabios.

Es un viejo truco usado por los catadores que aprovechan la influencia que otros sabores tienen en la capacidad para percibir lo amargo.

Los sabores ligeramente salados neutralizan las papilas del amargo. Los catadores comen saltinas, galletas saladas, entre una cata y otra para poder apreciar las sutiles variaciones entre las diferentes cepas.

Esa es la razón por ejemplo del por qué se toma tequila con sal.

Así que, sean fuertes y firmes, mis amigos y amigas, todavía pueden llegar a disfrutar de la inmensa riqueza de una rica cerveza fría. ¡Salud!