¡Atrévete a hacer la lista para no hacer!

¿Conoces a alguien que está siempre ocupado, que no tiene tiempo para dirigirte ni siquiera un saludo apropiado, que es incapaz de cerrar una idea y ya está pensando en la otra?

Seguro que sí, esta es una enfermedad moderna que sufre mucha gente. El factótum de la vida, el factótum del universo.

El ritmo de la vida nos lleva a asumir cada vez más roles y tareas en la creencia de que hacer más es hacer mejor. Y a pesar de todo lo que hacen y rehacen su lista de cosas por hacer nunca disminuye, por el contrario, se va alargando como si fuera de hule, o como esos pasillos que en sueños, o en películas, se van extendiendo enfrente de nosotros no importan cuán rápido nos movamos.

Víctimas de esta enfermedad no son solamente los empleados de oficinas ovíparas que son forzados a multi-tasking o a morir en el intento. Cualquier persona puede contaminarse, estudiantes, amas de casa, bedeles, comerciantes.

No se trata de justificarse porque la vida es complicada, sino porque complicamos la vida.

Una vez escuché a un hombre quejarse porque llegó a su casa con una molestia en el vientre y se dio cuenta de que no había orinado en todo el día porque no había tenido tiempo para orinar.

Llegados a este punto la revisión es urgente.

En vez de alargar tu lista de cosas por hacer haz una lista de cosas para no hacer, o para hacer menos, colocando en ella lo que percibes como no esencial desde el punto de vista del uso jubiloso de tu tiempo.

A la vez, y como consecuencia directa de esta lista, otra tomará cuerpo al lado de ella, la lista de lo que quieres hacer más.

No pierdas de vista el hecho de que casi todas las cosas que “tienes” que hacer en realidad no dependen nunca de esa cualidad de imprescindible que les das.

El siguiente es un ejemplo de una lista para no hacer:

  • responder al 100% de tus textos y mensajes de las redes sociales. No tienes idea de la cantidad de tiempo inconsecuente que pierdes a diario haciendo esto, simplemente para demostrar que estás tan ocupado.
  • Olvidarme de respirar. ¿Te parece que estoy exagerando? La respiración que pasa por dentro de ti sin que te des cuenta no te energiza, simplemente te mantiene vivo. Dejar de estar ocupado por algunos minutos varias veces al día y prestar atención a tu respiración te llena de energía y te centra más en quién eres.
  • Comprometerme con todo el mundo todo el tiempo. Cuando sea el momento de decir no, di no. Esa es otra de las torcidas estrategias del factótum, engancharse con todos para poder decir luego que faltó porque tenía tantas otras cosas que hacer y es que estoy siempre tan ocupado, ¿no lo ves?

El estar siempre tan, tan ocupado no solamente te hace ineficiente, no te deja vivir.