¿Aceptarías vivir en la Nube?

Hace poco la Fundación para la Preservación del Cerebro otorgó un premio a un grupo de científicos que perfeccionaron la técnica para preservar satisfactoriamente el tejido cerebral de un puerco sin deteriorar la condición de sus neuronas.

Inmediatamente los asistentes la ceremonia reconocieron la enormidad de lo que pasaba: se abría una cerradura más en la puerta que conduce a la meta de conservar a la mente humana, con todos sus detalles, en formato digital.

“Conectómica” es el nombre de la nueva ciencia que busca identificar y registrar la totalidad de las conexiones del cerebro humano, todos los 86 billones de neuronas y 100 trillones de conexiones sinápticas que hay.

La idea es cartografiar la ubicación de cada neurona y sinapsis que, en su conjunto, forman la mente, con todas sus facetas, memorias, creencias, personalidad, etc.

Ya se hizo hace 10 años con un gusano (302 neuronas, 7.000 sinapsis) y ahora se está trabajando en un milímetro cúbico del cerebro de un ratón.

 

Se estima que faltan unos 50 años para que pueda hacerse lo mismo con la totalidad de un cerebro humano, pero sin este paso no se puede dar el siguiente: subir una mente a la Nube.

Esto no es lo mismo a traer de vuelta a alguien que esté congelado. Recuerda, estamos hablando de conservar información, no biología.

¿Pero es suficiente con conocer el mapa de los cables? ¿Qué pasa con los patrones de encendido de las neuronas, las variables en el flujo de los neurotransmisores, etc.?

Si llegase a ser posible subir una mente a la Nube, ¿qué pasa cuando el “humano” despierte allí? ¿Se sentirá como dentro de un tanque de privación sensorial o dentro de una celda de confinamiento? ¿Será víctima de la desesperación o de la soledad?

Y luego está la consideración del tamaño del archivo que un solo cerebro proporciona. Se calcula que un milímetro cúbico de cerebro contiene 1 petabit de información, 1 millón de gigabits. Un cerebro de ratón usaría 1.000 petabits. Un solo cerebro humano contiene 1 billón de petabits, mucho más del contenido total de la Nube ahora.

 

Sin embargo no llegamos aún a la consideración más importante.

¿Es el cerebro nuestra mente o es solamente el contenedor biológico?

Si reconocemos que el cerebro no es la mente sino tan sólo su asiento orgánico, si creemos que el fenómeno de la conciencia humana, el alma si preferimos llamarla así, tiene otro origen, si la conciencia es más que la suma de sus partes, entonces, una vez que el mapa sea enviado a la Nube ¿tendremos conciencia en ese lugar?

La posibilidad de una vida digital, tal como se ha anticipado varias veces en la literatura de ficción, se perfila en el horizonte. La posibilidad de subir el mapa del cerebro a la Nube provoca visiones de una vida perfectamente regulada de acuerdo a nuestros deseos y expectativas, una vida perfecta.

¿Te atreverías a subirte a la Nube?