¡La inspiradora y feliz historia de una niña que nació dos veces!

Una cirugía se considera riesgosa desde cualquier punto de vista debido a que implica varios factores, los cuales deben estar todos en perfecto equilibrio para poder ejecutarla de manera exitosa. Cuando la intervención quirúrgica es realizada en niños, esta resulta altamente complicada, y hacerlo en un bebé resulta en una situación más delicada aún. ¿Pero realizarla en un bebé que aún no ha nacido? ¡Ya eso es otra cosa!

Este tipo de intervenciones es nueva en el campo de la medicina, apenas en el año 1.995 fueron realizadas las primeras cirugías a bebés dentro del vientre de la madre. Y en hora buena, ya que se estima que 1 de cada 1.000 embarazos requiere de una intervención de este tipo. Pero no solo contamos con profesionales que realizan operaciones desde el vientre de la madre, ahora contamos con especialistas que han sido capaces de sacar un bebé del vientre, operarlo y volverlo a meter para que nazca en su debido momento.

Resultó para mi asombroso, que una bebé de tan solo 23 semanas de gestación, fue extraída del vientre de su madre, la operaron y la devolvieron al vientre para culminar su ciclo de gestación y volver a nacer.

La bebé, llamada Lynlee Hope, desde apenas 16 semanas de embarazo, fue diagnosticada con un tumor radicado en la columna vertebral. Estos tipos de cáncer, conocidos como Teratoma Sacro coccígeo, se presentan en 1 de cada 70.000 embarazos. Al ser identificado el problema, el medico a cargo dejó la terrible decisión en manos de la madre, pero recomendó manifiestamente la interrupción del embarazo. Esto debido a las grandes probabilidades de muerte, ya que el tumor obstruía el flujo sanguíneo de la bebé y esto aumentaba drásticamente las probabilidades de que sufriera una grave insuficiencia cardiaca.

Asombrosamente, un grupo de médicos de un hospital infantil de la ciudad de Texas se ofreció para realizar la operación, regalándole así a la bebé una oportunidad de sobrevivir.

Alrededor de la semana 23 de gestación, el absceso se encontraba presionando el pequeño corazón de Lynlee, y superaba en peso y  tamaño a la propia bebé. La complicada intervención requirió que el corazón de la bebecita se detuviese por completo y prácticamente durante todo el largo proceso la niña no tuvo pulso.

Luego de terminar, los médicos devolvieron a la bebé al vientre de la madre como si nada hubiera pasado. A las 36 semanas de gestación, para la sorpresa de muchos, y en contra de las expectativas de la comunidad médica, Lynlee literalmente volvió a nacer.

A veces la vida sólo necesita que le den una manito para regalarnos un milagro. Bienaventurado es aquél que, teniendo la oportunidad, no la deja pasar y extiende esa mano.

LYNLEE CON SUS PADRES Y EL MÉDICO QUE DIRIGIÓ EL EQUIPO EN LA OPERACIÓN