¿Tienes idea desde que época existen los bancos?

¿Sabías que los primeros fundadores de lo que hoy conocemos como el sistema bancario fueron los caballeros templarios? Pues sí, resulta que Wall Street le debe mucho a una de las más poderosas órdenes cristianas de la Edad Media.

La legendaria orden de los caballeros templarios fue fundada en el año 1.119 por Hugo de Payns y otros ocho fundadores más, todos de nacionalidad francesa. La organización se mantuvo bajo el nombre de Orden de los Pobres Compañeros de Cristo y del Templo de Salomón, y se encargaban, en primera instancia, de ofrecer protección militar a los peregrinos cristianos que se trasladaban hacia los Santos Lugares y  a la Ciudad Santa de Jerusalén después de su conquista.

Con el pasar de los años fueron conociéndose simplemente como los “Caballeros del Temple” y empezó a ocuparse de manejar los recursos que venían de Europa a Palestina con el fin de financiar las famosas Cruzadas.

Con el manejo de estos recursos los caballeros templarios pudieron generar un magnifico funcionamiento del sistema, y adquirieron así la confianza de la nobleza europea. Debido a la eficiente aplicación de la recaudación de impuestos, los caballeros templarios llegaron a acumular una considerable riqueza, lo que les permitió comerciar con Oriente. Asimismo, empezaron a acumular fama a lo largo del reino de proveer el sitio más seguro para guardar y asegurar bienes, ya que sus casas eran de índole militar.

Eventualmente, la orden templaría empezó a trabajar con depósitos y préstamos, y debido a que sus casas se encontraban en diferentes lugares del mundo, ingeniaron la aplicación de letras de cambio; por ejemplo, una persona depositaba el dinero que iba a necesitar en un largo viaje, y lo retiraba en otra casa mostrando la letra de cambio. Esto se hacía con el propósito de reducir el riesgo de robo o pérdida material.

Los monjes templarios se caracterizaban por practicar la honestidad y la eficiencia, lo que generaba gran confianza por parte de la nobleza y la realeza, las cuales depositaban sus riquezas en todo momento. Algo de notar es que los caballeros templarios, al ser devotos del cristianismo, no se beneficiaban de las riquezas que generaban; más bien, las repartían a los combatientes peregrinos que salían a luchar en la Tierra Santa.

Lastimosamente, su fin llego a manos del rey francés Felipe IV, apodado el Hermoso. Debido a las deudas que tenía con los templarios, conspiró en contra de ellos y logró acabar con la orden, apoderándose así de todas las riquezas y bienes que pertenecían a ellos.

¡Es increíble pensar que el voraz sistema económico que actualmente mueve al mundo entero tuvo sus orígenes dentro de la humilde orden religiosa de los caballeros templarios!