Trasplante de cara… ¿trasplante de personalidad?

Si hay un lugar donde el alma se une a la carne es en la cara.

Quizás es por eso que somos capaces de reconocernos en un espejo al mirar nuestra cara. Son muy pocos los animales que pueden hacer eso: el delfín, los grandes simios, el elefante asiático y la urraca euroasiática.

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Las caras tienen muchas funciones: definen nuestra identidad, es lo que aparece en los documentos legales; expresan una increíble variedad de emociones y estados anímicos; son parte esencial de la comunicación humana; contiene en sí la mayoría de nuestros sentidos.

Desde el nacimiento los bebés buscan y aprenden a reconocer el rostro de los padres y desde ese momento se dedican a copiarlo estableciendo las bases de comunicación no verbal que usarán durante el resto de sus vidas. Es por eso que muchos consideran la cara como un órgano social.

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La cara es la imagen externa de lo que consideramos nuestro yo. La cara refleja lo que somos y es un repositorio de nuestros valores culturales, es por eso que la ocultamos con velos, o la tatuamos, o la cubrimos con barba y maquillaje.

La cara es un complejo conjunto de nervios, vasos capilares, músculos grandes que mueven maxilares y músculos pequeños y delicados que producen la casi infinita variedad de expresiones. Sin la cara y sus nervios y músculos no sería posible el habla.

Imagínate perder tu cara. ¿Qué pierdes?

Imagínate recibir otra cara. La cara de alguien que la donó para ayudar a quién la necesitara. La cara de alguien que no conoces y que es conocida por un grupo de gente desconocida para ti.

LA CARA LISTA PARA SER TRANSPLANTADA A KATIE STUBBLEFIELD

Sólo existen 40 personas en el mundo a las que se les ha realizado un trasplante de cara y la más joven tenía 20 cuando se operó.

Katie Stubblefield intentó quitarse la vida por un desengaño amoroso y terminó volándose de un tiro toda la cara por debajo de los ojos. Después de 3 años e incontables cirugías tan solo para mantenerla viva estaba lista para recibir un nuevo rostro.

Esta operación duró 31 horas consecutivas, 16 para remover la cara de la donante, una mujer que había muerto por sobredosis, y 15 horas para colocarla. Y eso fue solo el principio. Múltiple intervenciones y un sin fin de terapias eran necesarias para garantizar el éxito del trasplante.

A LA IZQUIERDA KATIE – A LA DERECHA SU DONANTE

Ahora Katie Stubblefield puede volver a salir al mundo no siendo un monstruo deformado. Pero tuvo que aprender a expresarse de nuevo con un rostro que no se va a mover igual. Tuvo que aprender a comer con la nueva cara, a hablar, a respirar. Ahora tiene que aprender a aceptarse con otra imagen viéndola desde el espejo.

A LA DERECHA KATIE Y SU NUEVO ROSTRO

Imagínate recibir otra cara. ¿Seguirías siendo tú?

¿Cuánto de ti queda?

¿Qué parte del donante de la cara recibes tú?