Uzma Nawaz, cuando el respeto viene detrás del shock

En Pakistán hay una sólida tradición patriarcal desde hace cientos de años donde los estereotipos de género están empotrados en una cultura que no es muy amigable con los valores y libertades que la mujer moderna tiene y espera.

Tradicionalmente la mujer musulmana tiene tareas, responsabilidades y códigos de conducta que son percibidos por las nuevas generaciones como límites y obstáculos para el desarrollo de las potencialidades accesibles en la aldea global de hoy.

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Uzma Nawaz lo vio así, no se plegó a la norma y decidió tomar al toro por los cuernos.

En su pequeño pueblo natal de Dunyapur en el Punjab, se espera que las muchachas se casen muy jóvenes y se dediquen a su esposo y a sus hijos. Uzma luchó contra la pobreza y contra la tradición, una combinación nada fácil de sortear o vencer, a la que sucumben muchas de ellas. Y si añadimos el miedo a una respuesta radical de parte de los extremistas que reaccionan con violencia cada vez que ven sus tradiciones amenazadas entonces la posición de Uzma raya lo heroico.

Apoyándose en becas y ayudas, aguantando el hambre cuando frecuentemente se le presentaba la disyuntiva de comer o estudiar, Uzma pudo sacar adelante un grado de ingeniería mecánica.

Sus esfuerzos la llevaron a recibir una oferta de trabajo en un concesionario Toyota en la ciudad de Multan, la quinta ciudad de Pakistán, con casi 2 millones de habitantes.

Al año de comenzar a trabajar la promovieron al departamento de reparaciones y mantenimiento. Fue entonces cuando Uzma comenzó a hacerse sentir.

Su entrenamiento en la universidad le dio el conocimiento para entender cómo funcionaba un coche y cómo diagnosticar los problemas desde un punto de vista que ningún mecánico autodidacta tiene. Su condición de mujer provocaba reacciones de sorpresa y pestañeos nerviosos entre los clientes.

Uzma no se arredró ante la aparente exigencia física del trabajo, incluso ante tareas que generalmente aterrorizan o paralizan a las mujeres como es el caso del cambio de llantas.

Los clientes se asombraban como Uzma era capaz de levantar una rueda y montarla de nuevo en el eje del carro. No hay tarea en el taller que Uzma no ataque con una motivación ejemplar y una dedicación  inspiradora.

Son estas virtudes las que le han ganado el respeto de todos, sus jefes, sus clientes y su familia que, por fin, ha reconocido que Uzma es especial.

Su padre aún cree que no hay necesidad de que una joven de 24 años trabaje en un taller automotriz, que no luce bien en la sociedad, pero reconoce que la pasión de Uzma no se negocia.