¿Una luna artificial? ¡Sí! Sólo en China

La luna vive en el revestimiento de tu piel. Pablo Neruda.

Así de íntima es la Luna para nosotros.

Pero los chinos quieren mejorarla o completarla o sustituirla.

Antes usábamos fuego para alumbrarnos de noche, después usábamos gas, ahora usamos electricidad.

Los chinos quieren usar al sol.

La nueva luna

En la ciudad de Chengdu, capital de la provincia de Shichuan, en el oeste de China, tiene un proyecto para sustituir el alumbrado eléctrico de las calles por un resplandor que venga del cielo, por un satélite que iluminaría la ciudad con una luz 8 veces más potente que la luz de luna natural.

El proyecto es patrocinado por el subcontratista más importante del programa espacial chino, el Instituto de Ciencias Aeroespaciales y Sistemas de Tecnología Microelectrónica de Chengdu, quienes esperan poner al satélite en órbita para el 2020.

La función específica del satélite será complementar a la Luna para iluminar un área que puede variar entre 10 y 80 km de diámetro con una precisión que se mide en decenas de metros.

No es la primera vez

El hombre ha soñado con usar satélites para enviar energía a la tierra durante mucho tiempo. Las primeras ideas, generalmente plasmadas en ciencia ficción, hablaban de irradiar el suelo con haces de abundante energía que le permitirían  a las máquinas funcionar sin combustible, sin cables, y sin límites.

No hemos llegado a eso todavía a menos que consideremos el espectro visible de la energía, la luz, donde se han hecho algunos intentos previos.

Durante la década de 1990 se llevó a cabo en Rusia el experimento Znamya, un satélite en órbita para reflejar la luz del sol y lograr iluminaciones equivalentes a a varias lunas llenas.

Después en 1999 se quiso lanzar Znamya 2.5 en medio de preocupaciones y reclamos de varios sectores sobre posible contaminación lumínica que trastornaría las observaciones astronómicas y a los animales. Desafortunadamente, para algunos por lo menos, el lanzamiento falló y ahí quedó todo.

Después, tan reciente como en el 2013, los noruegos colocaron un satélite hecho con espejos sobre el pueblo de Rjukan que reflejaba los rayos solares sobre la plaza central.

Estos mismos cuestionamientos sobre las consecuencias de irradiar el suelo con luz más intensa de lo normal están siendo levantados en China, donde la historia de un gobierno pasando por alto los buenos usos del ambiente y su conservación, es larga y tortuosa.

Cuestionamientos que, de nuevo, el gobierno chino los hace a un lado con un encogimiento de hombros.