Progress MS-10

Space: the final frontier. These are the voyages of the starship Enterprise. Its five-year mission: to explore strange new worlds. To seek out new life and new civilizations. To boldly go where no man has gone before!

Esta es la frase original con la que comenzaba cada uno de los programas de televisión más influyentes del siglo pasado.

Ahora te propongo un ligero cambio para que quede así:

Space: the final frontier. These are the voyages of mankind. Its mission: to explore strange new worlds. To seek out new life and new civilizations. To boldly go where no man has gone before!

Esto es lo que vas a ver en el video.

Este artículo no tiene ninguna otra imagen, sólo el video.

Mientras lo ves piensa en lo siguiente:

Somos una raza de primates tocándole la puerta al infinito. Somos unos monitos que hace cientos de miles de años levantaron la vista al cielo preguntándose qué era esas cosas brillantes allá arriba.

Hasta ahora extendimos nuestra conciencia hacia afuera con telescopios, radares, radiotelescopios, lasers, otros exóticos instrumentos, sondas y robots.

Ahora estamos dispuestos a salir afuera.

El video te muestra, filmado desde la EEI, el despegue (16 de noviembre) y salida al espacio exterior del Progress MS-10, una variante del Soyuz que le hace servicio de aprovisionamiento a la Estación Espacial Internacional.

Verás la tenue columna de fuego del despegue, el encendido de la última etapa en el espacio, la re-entrada de la etapa desechada a la atmósfera.

Verás el juego poderoso de nuestra ciencia y tecnología, verás la inmensidad a la que nos enfrentamos, verás el esfuerzo de lo pequeño parado cara a cara con lo grande.

Ese pequeñísimo punto de luz moviéndose entre las estrellas somos nosotros asomándonos a la ventana del universo y extendiendo la mano para palpar lo extraño y desconocido.

¿Recuerdas la primera vez que tus padres te dejaron salir solo al mundo? Probablemente no, pero ese día tu alma creció dos órdenes de magnitud.

Los loros más pequeño del mundo son los periquitos, los que en mi país se llaman vivitos. Una vez crié uno casi desde que rompió el huevito. Yo mismo lo alimentaba y cuidaba, me lo llevaba al trabajo para que no le faltara su tetero a la hora indicada. Cierto día, con su plumaje al fin completo, parado en el borde de mi mano, infló el pecho y batió sus alas con fuerza. Pocos segundos después se lanzó a su primer vuelo. Fue un momento de gran belleza.

Eso es lo que estamos haciendo en el video. Esto somos nosotros batiendo nuestras alas.