¿Qué tienen en común dos bailarines, una bomba y un edificio?

Todo comenzó con la bomba, lanzada por aviones aliados durante la Segunda Guerra Mundial, que destruyó un edificio a orillas del río Vltava en Praga, República Checa.

El edificio quedó en ruinas hasta 1960 cuando terminaron de demolerlo. En 1986 surgieron las primeras ideas para desarrollar el sitio mediante la construcción de un proyecto el cual se hizo posible después de la revolución que terminó con la hegemonía comunista y convirtió a la entonces Checoslovaquia en una república parlamentaria.

Fred y Ginger

El primer presidente de la nueva república, Vaclav Havel, era vecino del sector y decidió llevar adelante la idea original del arquitecto que le llamó la atención sobre el sitio en primer lugar, V. Milunić.

El resultado, completado en 1996, fue la Casa Danzante.

Oficialmente bautizado como el Edificio Nationale-Nederlanden, por la compañía de seguros holandesa que lo patrocinó, la Casa Danzante se inspiró en las legendarias figuras del baile Fred Astaire y Ginger Rogers y durante algún tiempo fue conocido como el edificio Fred y Ginger, nombre que cayó en desuso cuando la referencia a la cultura norteamericana dejó de ser popular.

La extraña forma es la representación de dos bailarines enlazados por la cintura, uno de concreto con una estructura metálica en el tope (Fred), y otro de vidrio con una cintura grácil y elegante (Ginger).

Arquitectura heterodoxa

El edificio no fue popular ni bienvenido entre los conservadores de Praga porque desarmonizaba demasiado con la arquitectura y fachadas tradicionales de la ciudad, algo de lo que los checos se enorgullecían.

Sin embargo, el encanto y la visión moderna fue ganando poco a poco la aprobación general.

El edificio es un buen ejemplo de lo que se conoce como arquitectura deconstructivista, un movimiento posmoderno caracterizado por resaltar la fragmentación de lo construido.

La fachada de la Casa Danzante está formada por 99 paneles de concreto, todos diferentes en tamaño y forma, con bordes curvados que le dan al edificio un suave ritmo. Las ventanas con marcos sobresalientes le confieren además una ilusión tridimensional.

Los nueve pisos del edificio se dedican a comercios, oficinas y un restaurante en el piso superior.

Hoy en día el edificio es un orgullo en Praga superando el recelo que su extraña forma despertaba en una ciudad con tanta historia en sus edificios.