Peor el remedio que la enfermedad, amenaza de sapos marinos

¿Sabes en que se fundamenta el método científico? Pues básicamente en el ensayo y error. Y aunque la mayoría de los experimentos no sobrepasan su éxito o error más allá de un tubo de ensayo en un laboratorio correctamente asegurado a cargo de hombres con bata suficientemente entrenados y con conocimiento para tomar decisiones en caso de emergencia, algunas veces va un poco más allá.

El problema a resolver

A comienzos del siglo XX, la presencia de dos especies de escarabajo de la caña amenazaba a la industria azucarera en Australia, que generaba anualmente el equivalente a 2.000 millones de dólares australianos. El campeón de los cultivadores de caña sería, según se creyó en 1935, el sapo marino, un anfibio del tamaño de un puño con la reputación de ser un devorador de escarabajos. Algunos hombres de ciencia tenían sus reservas al respecto, pero, aun así, este sapo originario de Sudamérica se importó y se soltó en las plantaciones de caña de Queensland.

El experimento

En cuanto se vio en libertad, el sapo marino se volvió traidor y se olvidó de los escarabajos. Esta criatura, es venenosa en toda fase de su desarrollo, desde el huevo hasta la edad adulta. Durante el paso de renacuajo a adulto le crecen unas glándulas debajo de la piel que, cuando el animal se irrita, secretan una sustancia lechosa sumamente tóxica. Entre la fauna autóctona, estos sapos habían matado lagartijas, serpientes, perros salvajes y hasta algunos cocodrilos que fueron tan tontos como para querer comérselos.

El resultado

Gracias a su fecundidad, la progenie de este héroe venido a villano (sin su conocimiento), se había propagado a más de 900 kilómetros de donde fueron liberados por primera vez, y sus poblaciones alcanzaron densidades casi diez veces superiores a las de Venezuela, su país de origen. Como i se tratara de una de las famosas plagas que menciona la Biblia, estos batracios invadieron campos, casas y hasta inodoros. Avanzando a un paso de 30 kilómetros [15 millas] anuales, ahora han llegado a lo que podría llamarse el paraíso de los sapos: el Parque Nacional Kakadu, ubicado en Australia Septentrional. Las autoridades han invertido millones de dólares en investigaciones encaminadas a contener esa expansión, sin haber encontrado aún ninguna estrategia eficaz. Aunque la guerra no ha terminado, hasta ahora los sapos van ganando la batalla.

Las conclusiones y recomendaciones

En su momento, se publicó un folleto de cuatro páginas a todo color titulado 101 Ways to Kill a Cane Toad (Ciento un maneras de matar a un sapo marino) para preparar a los ciudadanos en la ofensiva contra este enorme sapo, que segrega una sustancia tóxica que, por supuesto, también resulta mortífera para los perros y los gatos. Un concejal de Brisbane también colaboró organizando una “Campaña de Erradicación del Sapo Marino”. Entre sus sugerencias se encuentra la de que se meta a los sapos en un congelador para matarlos de una manera poco cruel: “Los sapos creen que el invierno se ha adelantado, se duermen y nunca despiertan”, dice él.