El ajenjo y los pintores bohemios

A finales del siglo 18 las monjas del convento de Couvet, Suiza, vendían una extraña bebida verde como elixir medicinal para aliviar casi todo. Se dice que esta bebida fue descubierta por un médico francés que vivía entonces en Suiza de apellido Ordinaire.

Así comienza la escabrosa historia del ajenjo, bebida que ha sido glorificada por las musas de pintores y escritores y vilipendiada por los recatados sociales alrededor del mundo.

Hecha con hierbas

El ajenjo, el hada verde, el diablo verde,  está hecho principalmente con artemisa pero también tiene destilaciones de anís e hinojo, composición conocida entre los fans como la santa trinidad. Esencias de hisopo, melisa, y otras hierbas se encuentran mezcladas dependiendo de la marca y destilerías particulares.

Fue una bebida tremendamente popular durante los 1800´s en toda Europa pero también tremendamente controversial ya que se pensaba que tenía propiedades alucinógenas y que su adicción conducía al degradación moral. De hecho estuvo prohibida durante mucho tiempo en gran cantidad de países.

Hoy en día se ha comprobado que el ajenjo no produce alucinaciones y más allá de su sabor extra amargo y su gran contenido alcohólico es una bebida alcohólica como cualquier otra.

Degas y Manet

El desprestigio del ajenjo era tan penetrante que bastaba su presencia en una obra de arte para causar escándalos.

Cuando Edgar Degas pintó El Ajenjo, un óleo mostrando a una mujer  con una expresión de profunda tristeza, soledad y depresión, enfrente de una copa de ajenjo preparado con azúcar y agua, las críticas cayeron como lluvia torrencial. Esta obra fue calificada como un retrato de la degradación producida por el vicio. Una prestigiosa revista francesa dijo que tal vez fuese una buena pintura pero que no era buen arte.

Cuando Eduardo Manet hizo lo propio tampoco fue recibido amablemente. El Bebedor de Ajenjo, la que muchos consideran su primera gran obra, muestra a un trapero acompañado de una copa de la bebida. Manet tenía grandes expectativas con la presentación de su obra en galería donde, para su desconcierto, fue totalmente rechazada cuestionándosele la elección de tema y sujeto. Incluso su mentor, Thomas Couture, fue recio en sus críticas lamentando que Manet se hubiera rebajado moralmente de tal forma para pintar a un bebedor de ajenjo.

Más ajenjo

Pero Degas y Manet no fueron los únicos en hacer del ajenjo un visitante de cuadros y obras.

Albert Maignan, ilustrador francés, muestra en La Musa Verde a un poeta en un momento de inspiración provocada por la visita del hada verde del ajenjo.

Viktor Oliva, un pintor checo, dibuja en El Bebedor de Ajenjo a un hombre acompañado de nuevo por el hada verde del ajenjo. A pesar de la expresión de abobamiento en la cara del bebedor Oliva parece indicarnos, por la presencia de un hombre en actitud de ir al rescate, que no todo está bien.