¿Qué tienen en común el viento, el mar y unos pedazos de tela?

Los mares de Grecia han sido desde siempre escenario de historia, cuna de civilizaciones, madre de leyendas e inspiración de poesía y cantos.

Para aquellos que ha visitado Grecia esto es evidente detrás de cada piedra, en cada colina y montaña, en cada ruina legendaria, en cada playa.

Para aquellos que no han podido estar allá Grecia es como un sueño de tierras fantásticas llenas de sabios, oráculos, templos que hablan a través de sus piedras, y libros fabulosos que narran gestas heroicas increíbles.

Para todos Grecia es el origen del pensamiento y la cultura occidentales.

Y Grecia es mar, y sol, y olas, y lugares de ensueño para visitar o anhelar. Uno de estos lugares es un restaurante especial que rompe moldes en la tierra que fue molde para medio mundo y la totalidad de la historia.

En la región de Mesenia, al suroeste del Peloponeso, está lo que se conoce como la Costa de Navarino, bello lugar con excelentes atracciones turísticas.

Una de ellas, el  Costa Navarino Resort, luce un restaurante en el que sus arquitectos y diseñadores amalgamaron el movimiento orgánico del agua con el empuje invisible del viento y la danza sublime de la luz del sol.

Cuando se habla de lugares donde se puede disfrutar de todo eso a la vez, donde se le da a los sentidos una experiencia sinérgica, donde se puede ver al viento y sentir el movimiento de la luz, se tiene que mencionar a Barbouni.

Sus diseñadores lo montaron sobre troncos naturales por encima del nivel del mar, algo totalmente fuera de la experiencia de habitación griega. Este primer paso de montar al restaurante en palafitos es sólo el comienzo de su relevancia.

El segundo paso fue no ponerle techo. O mejor dicho, el techo en el área de la veranda es un techo que se mueve al compás del viento y la luz. Está hecho de láminas de lona que cuelgan verticalmente desde unas pérgolas de madera.

Cuando el viento sopla el techo se mueve, respira, baila, con el movimiento de olas susurrantes por encima de las cabezas. El resultado es hipnótico y profundamente relajante.

Los comensales no solamente pueden sentir el viento acariciando la piel, lo pueden ver. Así como pueden disfrutar la cambiante danza de luz que también hace olas acunando toda la experiencia de paz y disfrute.

Barbouni es único como única es la costa y el mar griegos.