¿Dónde está su peluca señoría? ¡Se la han robado!

Si no tienes mucho conocimiento de la cultura europea en materia legislativa y penal, tal vez el título de nuestro artículo te pareció un tanto extraño. Si ese es tu caso, te explicamos un detalle antes de continuar: los barristers (abogados) que comparecen ante los tribunales superiores británicos y jueces británicos han llevado peluca desde que Carlos II importó la idea de Francia alrededor de 1670. Así que las pelucas distinguen a los barristers de los solicitors (abogados que normalmente no comparecen ante el tribunal). 

¿Te parece extraño? Tal vez, pero es una forma de honrar la tradición. El problema que se presenta es que ahora cada vez son más las atesoradas pelucas viejas —que implican experiencia y sabiduría— que desaparecen de las salas de tribunales y de los vestuarios, y se teme que “la mayor parte de los culpables sean barristers. ¿Puedes creerlo?

La posible razón tras el fenómeno 

Se suelen evitar las pelucas nuevas, hechas de crines de caballo, pues estas hacen que el barrister parezca recién graduado. Así, los que tienen que comprarse una peluca hacen que parezca vieja utilizándola durante un tiempo para limpiar el polvo o colgándola fuera cuando llueve. Por lo que se ve, entre más usada, más experiencia parece haber acumulado el barrister. Mientras tanto, en casi todos los tribunales penales de Londres se han fijado anuncios en los que se pide con desesperación que se devuelvan las pelucas que han desaparecido, aunque estas raras veces se recuperan. Las normas de seguridad son muy estrictas para los que entran en los tribunales, pero nadie registra a los que salen.

La solución no es tan simple como parece

Tal vez pienses “¿Y por qué no comprarse otra peluca? Es bastante simple. La mayoría de las pelucas están diseñadas para mujeres que quieren cambiar de peinado para ir a la moda. No están hechas para llevarlas sobre una cabeza calva (este es el caso para la mayoría desde los experimentados barristers). Las pelucas diseñadas para los afectados de alopecia suelen ser más caras, y no todo el mundo puede costear su compra y el mantenimiento adecuado.

Las mujeres encuentran con más facilidad una peluca adecuada que los hombres y los niños porque tienen más variedad de peinados donde escoger. No ocurre así en el caso de las específicamente diseñadas “pelucas legales”. Al mismo tiempo, este tipo de sucesos plantean varias cuestiones de fondo legal que saltan a la vista: ¿Cómo es posible que un profesional del derecho y la justicia llegue al punto de “hurtar” (algo ilegal) para aparentar cierta experiencia? Por otro lado, ¿Qué tan practica es la tradición de llevar un accesorio tan irrelevante (y tal vez para algunos, gracioso) durante un acto tan serio como lo es una audiencia legal?

No pretendemos dar ningún juicio en este particular, pues también entendemos la pertenencia de identidad que implica el honrar una tradición. Sin embargo, existen muchos aspectos de la vida diaria que anteriormente se regian por una serie de costumbres que hoy en día no tienen ningún tipo de relevancia porque, sencillamente, no son prácticas. Esperemos se encuentre una solución a este “problema legal” para los barristers.