La década más violenta en el ya violento Estados Unidos

Ya habíamos hecho mención de los notables problemas que el gigante americano tiene en relación a la violencia. Esta vez nos referiremos a algunos detalles que ejemplifican en algo la magnitud de un problema que, si bien se ha intentado subsanar, tiene todavía un largo camino por recorrer antes de que pueda ser medianamente contenido. Continúa leyendo para que consideres estos detalles juntos a nosotros.

Infames números

El periódico The New York Times comenta que aunque dicho índice descendió ligeramente a principios de los años ochenta, a partir de 1985 empezó a aumentar de nuevo. La cantidad de muertes por asesinato que hubo en 1989 superó en más o menos un 5% a los 20.680 asesinatos ocurridos en 1988, lo cual ya suponía un promedio de un asesinato cada veinticinco minutos. 

Alrededor del 60% de los asesinatos fueron perpetrados con armas de fuego, con lo que estas se convirtieron en la octava causa principal de muertes de la nación. Según cierto estudio, tan solo en las escuelas y en un día normal, por lo menos cien mil alumnos llevan encima un arma de fuego. Este hecho obliga a las escuelas de Nueva York a mantener la fuerza de seguridad que ocupa el undécimo lugar entre las más grandes de Estados Unidos, dice la revista Time. Para Nueva York, la década de los ochenta fue la más violenta de la historia de la ciudad, con un saldo de 17.000 asesinatos. Un factor que contribuyó a esa cifra fue la aparición de la droga llamada crack.

En los primeros cinco días de la semana del 29 de octubre de 2012, la ciudad de Nueva York vio un marcado descenso en el número de asesinatos y asaltos con respecto al mismo período del año anterior. La razón es que el huracán Sandy, que devastó la costa este del país, produjo extensos apagones en la región. Después de un desastre natural o de una catástrofe como el ataque terrorista del 11 de septiembre de 2001, disminuye este tipo de delitos, afirma Paul Browne, portavoz del Departamento de Policía de la ciudad. En cambio, aumentaron los saqueos en hogares y negocios, lo cual, según Browne, no es de extrañar. Hay muchos sitios sin luz, señaló.

¿Y qué puede hacer el ciudadano común?

Muchas personas pudieran dar a los delincuentes la señal de que son blanco más fácil que otras personas para los asaltos. ¿Cómo? Por la manera en que caminan. A esta conclusión llegaron dos sicólogos de Nueva York que se basaron en una encuesta sobre asaltos hecha entre los que más saben de éstos, los presidiarios que estaban en la cárcel por asalto. Los prisioneros vieron películas de ciertas personas e indicaron a qué tipos de personas probablemente asaltarían.

Entre las personas a quienes consideraban blancos probables estaban las que caminaban con cierta inseguridad, como si estuvieran en conflicto consigo mismas o como si no se percataran de sus alrededores. De modo que pudiéramos disminuir la posibilidad de engrosar estadísticas negativas en nuestro caso si prestamos más atención a nuestro comportamiento cuando estamos en la calle. Una manera es evitar “divagar” mientras nos dirigimos a algún sitio. El horario en que nos encontremos en determinados lugares, también influye directamente en la posibilidad de estar a merced de quienes  pudieran tener intenciones poco honradas.