Wabi-sabi o la perfección de la imperfección

No solamente esta palabra es intraducible, sino que los mismos japoneses consideran que es imposible de definir.

Es una forma de ver al mundo y a la vida que se hace patente en momentos de profunda valoración. Como quiera que sea wabi-sabi es un importante componente del sentido estético japonés.

Sus orígenes

Wabi-sabi es un concepto muy apreciado en la filosofía del budismo zen pero antes fue apreciado y practicado por los taoístas chinos de la dinastía Song entre los siglos X y XIII.

Wabi significa aproximadamente la belleza elegante de la simplicidad, y sabi se refiere al paso del tiempo y el desgaste asociado a él.

Tomando consciencia del inevitable deterioro que todo sufre y aceptando la transformación como un proceso natural la cultura japonesa contempla la transitoriedad en la naturaleza como un valor ético que despierta una suave y sobria melancolía.

El japonés observa la imperfección como una expresión de la vida, no del error, que comparte y promueve la belleza de lo que es, no de lo que nos gustaría que fuera.

Wabi-cha

Una de las mejores formas de apreciar wabi-sabi y entenderlo es a través del estilo de ceremonia del té conocido como wabi-cha.

Este variante del conocido y místico ritual de la ceremonia del té tradicional fue introducido al comienzo del siglo XVI. En él el cuidado tradicional que se toma en la escogencia de los utensilios, de una gran belleza y delicadeza, se deja de lado prefiriendo utensilios de barro rústico alejados de la idea de perfección tradicional.

Las reglas de la belleza tal como es aceptada se dejan de lado para poder observar texturas y colores que antes se ignoraban o rechazaban como no adecuados.

Qué enseña el wabi-sabi

Contemplar una cosa, proceso o evento a través del cristal del wabi-sabi nos pone en contacto con las fuerzas de la creación en acción, nos hace consientes del poder de la naturaleza y nos coloca más allá del dualismo.

En vez de ver abolladuras o asimetrías wabi-sabi ve la forma natural, la creación tal cual es.

La naturaleza no es vista como la que destruye la belleza con el tiempo sino como la fuente de la belleza en el tiempo. Ella es apreciada a todos los niveles como la fuente de colores, diseños, texturas, que tienen un atractivo particular y significativo.

En la inevitabilidad de la muerte de todo surge la transitoriedad como el llamado a disfrutar el instante y su infinita gradación de expresiones, desde la belleza ideal de una exquisita taza de porcelana hasta la compleja trama del lenguaje de grietas en el cuerpo de un viejo árbol.

Nosotros somos esa transitoriedad y en ella hay serenidad y profundidad. Eso es wabi-sabi.